En este especial dedicamos lasobras de la semana a los artistas fundadores del MAL, Andrés Bonvin (escritos) y Matías Flocco (pinturas), por su exhaustivo trabajo no sólo en cuanto al Movimiento sino en cuanto al arte en general y la defensa del mismo.
Desde hace más de una década el multifacético Matías Flocco improvisa y esquematiza sus sueños, sus proyectos y sus ideas de un modo totalmente independiente y autodisciplinado. Sus obras son realizadas con materiales que para muchos no son sino basura: restos de pinturas, maderas y telas que terminan en sus manos convirtiéndose en magníficas obras de arte de una calidad y estilo único y genuino.
El artista se basa preferentemente en la estética utilizando imágenes y formas delineadas que llevan un tinte simbólico tras los colores y los cuerpos llegando hasta lo informe, lo abstracto y lo interno como una expresión del alma que, sin dudas, es el Arte mismo.
Las obras que se exponen a continuación pertenecen a sus últimos trabajos, los cuales podrán contemplarse en el Tercer Encuentro Internacional del Movimiento Artístico Latinoamericano, acompañados de los textos de Andrés Bonvin.
“Yessey”, como se titula su último trabajo, ha nacido de “La Noche del Día”, novela ejemplar del ya mencionado escritor, con el cual se proponen generar un vínculo más intrínseco entre las letras y los matices, la prosa y las líneas.
El artista se basa preferentemente en la estética utilizando imágenes y formas delineadas que llevan un tinte simbólico tras los colores y los cuerpos llegando hasta lo informe, lo abstracto y lo interno como una expresión del alma que, sin dudas, es el Arte mismo.
Las obras que se exponen a continuación pertenecen a sus últimos trabajos, los cuales podrán contemplarse en el Tercer Encuentro Internacional del Movimiento Artístico Latinoamericano, acompañados de los textos de Andrés Bonvin.
“Yessey”, como se titula su último trabajo, ha nacido de “La Noche del Día”, novela ejemplar del ya mencionado escritor, con el cual se proponen generar un vínculo más intrínseco entre las letras y los matices, la prosa y las líneas.
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"YESSEY"
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…la boca entreabierta, asomando tímidamente sus dientes de nieve, muestra en los labios una extraña mueca de dolor o tristeza, contraído el labio superior hacia la comisura derecha, podría ser, a la vez, mueca de aversión tanto como de hastío…
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extracto de la novela ejemplar
"La noche del Día" de Andrés Bonvin
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"EL GRINGO"
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CONFESION POSTUMA DE UN ASESINATO
(Andrés Bonvin)
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Construyendo edificios, empresas y asociaciones con la esperanza basada en un pasajero diálogo, nos hallábamos aquel día junto a mi apreciado colega B…. Sobre la mesa descansaba, taciturna y sin prisa, una botella de dulce licor, sendos vasos en nuestras diestras y un tango –que se lamenta eternamente de un viejo amor- zumbaba a mis espaldas con chirriante violín.
En los primeros momentos todo marchó bien, cotidianamente, sin precipitaciones; pero un presuroso Ganímedes nos escanciaba el licor tras cada dos tragos y la botella parecía nunca acabar, como si un mágico designio la mantuviera siempre a medio llenar.
Con los tragos la expresión de B… pareció cambiar repentinamente, pero no era más que la acabada imagen de una lenta transformación, sorbo a sorbo mutando. Y aunque quizá fuera mi percepción y no su semblante lo que cambiara con el licor, no lo sé, recuerdo su mirada…su mirada ya no era de humildad ni de sosiego. Hablaba de pie y con efusivos gestos, mientras su diestra sostenía el vaso, siempre por la mitad.
Hablaba de ideas que contienen la rigurosidad de la piedra, de amores impalpables y de una pasión cínica y mortal por la vida. Las palabras se sucedían inconexa y precipitadamente, parecían ser expulsadas no sólo por su garganta, su lengua o su boca sino por sus ojos, su arrugado ceñó y su máximo anhelo.
En los momentos de silencio, cuando las palabras se ahogan en el interior de los cuerpos, B… parecía meditar sobre algún reciente misterio, y me observaba como quien se esfuerza por enfocar un objeto lejano. Acaso se preguntara lo mismo que yo: qué maléficos planes hilvanaba en su mente tenebrosa, y por qué si mirada era tan diferente cuando el licor estaba aún por la mitad.
Los minutos se sucedieron junto a las palabras tajadas por intermitente silencio, por el ventanal a mi izquierda asomaba el caluroso Febo, rozando con el extremo de sus vestiduras todo el interior del ambiente.
B… se me aparecía ahora anormalmente siniestro: sus ojos brillaban con el fulgor de la demencia, las frases se precipitaban en su lengua entorpecida, un molesto tartamudeo hacía espejismos de sus verbos.
“¿Qué demonios…? ¿Qué le pasa a este tipo y por qué me mira con esa expresión de estúpido niño? ¿Acaso de mí se extraña, se incomoda? ¿Acaso mi comportamiento –sin modificaciones, dicho sea en mi provecho- le regala un aciago presentimiento?” Me preguntaba cuando mi compañero se dejaba acarrear por la fantasía del silencio en aquel cuarto modesto, de escasos muebles y resquebrajadas paredes de yeso.
B… reanudaba su incomprensible cháchara –incompresible para mi mente que se obstinaba en perseguir infundados miedos- como intentando callar esas voces que le auguraban –¡también a él!- un repentino y funesto suceso.
“¡Pobre de ti, humano demonio, si intentas algo descabellado! –dialogaba mi mente- ¡Algo más allá de nuestros medios! No se atrevan tus labios a pronunciar los vocablos que te condenen ni ose tu mano palpar un centímetro de mi cuerpo”.
Mas no mucho tiempo debió pasar entre aquellas cavilaciones y la materialización de mi designio. Incontables minutos –acaso fueran horas- bastaron para que mi brazo izquierdo, confundido por el licor, tomara la botella con el fin de abrir un nuevo torrente en su cráneo maldito…
La botella reventó con gran estruendo contra el muro continuo al ventanal, las partículas de vidrio se dispersaron por sobre toda superficie, sobre la mesa y la biblioteca de libros gastados; el último haz luminoso, que aún se filtraba desde el horizonte por la pequeña mirilla de la puerta, hizo centellear la botella hecha pedazos.
B… había esquivado el proyectil en un rápido y ágil movimiento.
Mas, insatisfecho de acción, rebosante de amor propio y sin comprender el motor de mis impulsos, me levanté de la silla y me arrojé sobre él, que su mirada se velaba una vez más por el miedo y como antes, retomaba su humildad pero no su sosiego; una aureola se expandía desde su vientre hacia el suelo, oscureciendo el gris de sus pantalones mugrientos.
Poco recuerdo lo que sucediera luego: su rostro convulso, enrojecido y hasta amoratado, me contemplaba con excesiva sorpresa mientras sus manos intentaban hacerme a un lado.
Le había estrangulado eficientemente. Su mirada aún contenía el brillo de la vida, pero de su boca manaba un líquido extraño, mezcla de sangre, vómito y dulce líquido embriagador.
Recuerdo haber recostado a mi querido B… -que parecía dormir profundamente, como el niño duerme en su cuna y el labrador en su catre- y cubrirlo de sábanas hasta el cuello, porque ya se escuchaban los suspiros de la gélida Selene más allá de los muros… no fuera que enfermera en su camino al infierno.
La botella, pálida, resplandecía aún esparcida en el suelo, el licor, cálido y aún atractivo, fue retornando a su prima esencia, filtrándose por el roble del suelo.
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Obra literaria: http://www.silentecambar.blogspot.com/
Obra musical: www.myspace.com/bonvinflute