¿Qué es el M.A.L.?



El M.A.L., más allá de lo que la palabra en sí misma encierra y que aquí no se pondrá en discurso por no perderse uno en la madeja de razonamientos en cuánto a qué es mal o qué es bien, pues no hay ni bueno ni malo, sino lo que uno se permite o reprime… El M.A.L., decía, tiene un nuevo significado desde hoy en adelante: el Movimiento Artístico Latinoamericano.

Desde la práctica de arte e interacción con artistas y observación de sus diversas manifestaciones en Latinoamérica, he decidido crear este movimiento sin fines de lucro alguno y con la simple motivación de estrechar las manos de los hermanos latinos y así facilitar el intercambio no sólo en cuanto al arte, la sabiduría o la cultura sino también para compartir, unos y otros, hijos de una misma tierra que se adorna con diversas pieles, mutuamente nuestra buena intención y hospitalidad y, finalmente, con la pretenciosa –utópica diría, mas no lo digo por no parecer un soñador- intención de reavivar los colores del Arte que, hoy en día, es como el cuadro de un eximio pintor que, corrompido y descascarado por el Tiempo, ya no es sino como un bosquejo del original o, peor aún, podría decirse que es como las ruinas de un antiguo imperio inca o egipcio, magnífico, pulcro e imponente en sus principios; saqueado, tajado y manchado en el ocaso.
Pretendo que el MAL funcione para los artistas como el cordón de Ariadna a Teseo, y que, algún día, por las calles de Latinoamérica y, por qué no, del Mundo entero, se hable del bien que hace el MAL a la sociedad, brindando tanto merecido y necesario recreo como lo son la perfecta simpleza de unos versos, la imagen tierna que una lágrima provoca, la nota que arrastra el alma a través del oído, las mil formas del arte, en fin, con que puede el hombre regalarse por unos momentos al solaz de esta actualidad tan rígida y adversa.
Invito, entonces, a todo aquel que quiera formar parte de este pacífico ejército del M.A.L., a comprometerse con el Arte y realzarlo; si usted se considera un artista, es un deber como el de un obrero es levantar una firme casa en breve tiempo, o el de un labrador labrar la tierra con paciencia.
Entonces... si no hay M.A.L. que por bien no venga... ¡Que viva el M.A.L.!

Buenos Aires, Argentina
27 de Julio del 2009
Andrés Bonvin